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Al menos a juzgar por el último estudio de TransUnion que señala que el 63% de estos fallos estaban relacionados con los empleados. Una estadística significativa si tenemos en cuenta que la media ha subido 22 puntos porcentuales con respecto a 2016. En el segundo puesto, las actividades maliciosas debidas a factores externos también crecieron en importancia hasta preocupar al 50% de los encuestados.

Para reducir las cuotas de fraude, aparte de la formación, esencial, cabe destacar que casi el total de los profesionales aún siguen priorizando algo tan sencillo como la verificación de identidades.

Casi la mitad de estas cuentan ya con programas de concienciación antifraude y tan solo el 25% cree que la tecnología por sí sola protege a la organización de cualquier amenaza. “Al contrario que en otro tipo de delitos, en el fraude existen dos variables que lo caracterizan: el nivel de inteligencia y la creatividad. Los delincuentes no cesan en su empeño por buscar nuevas formas de adelantarse y poder conseguir lo que buscan”, asegura Juan Antonio Villegas, director general de TransUnion en España.

“La formación es una parte de la respuesta ante estos ataques, pero la tecnología también debe buscar su papel, ya sea a través de innovación o de la verificación de identidades, la biometría o incluso la inteligencia artificial”.

De este modo, las tecnologías más utilizadas en este panorama son las relativas al acceso (52%), a soluciones tradicionales de antivirus (50%), a las que tienen que ver con la vigilancia (45%) y a las que analizan URL (42%).

Fuente y foto: cso.computerworld.es

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 






 



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