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Por:  Quentin Hardy, jefe de Editorial en Google Cloud

La mejor manera de anticipar cómo ocurrirán los cambios que producirá la computación en la nube, es escuchar a las empresas que ya los están implementando.
Para el jefe de plataformas en la nube de Pearson, una empresa global de enseñanza, Chris Jackson, la nube “ya está cambiando las organizaciones, moviendo el departamento de TI de ser centros externos a convertirse en piezas clave en la mesa de muchas reuniones”. Por ejemplo, si Pearson se plantea un nuevo curso de aprendizaje online, Jackson estará presente en las primeras reuniones de diseño de producto, ofreciendo consejos sobre qué datos de interacción del usuario se deben recopilar y cómo y con qué frecuencia se puede modificar un curso. Anteriormente, el trabajo que hacía Jackson se centraba en preocuparse únicamente por cosas que sucedían en momentos más avanzados del proceso, tales como lanzar y mantener un programa.
 
La informática en la nube, ofrecida por compañías como Amazon Web Services, Microsoft Azure y mi empresa, Google Cloud, todavía se considera como una opción más económica y eficiente para que las empresas almacenen y procesen datos. El coste puede ser menor, pero sigue siendo un gasto, igual que los ordenadores tradicionales.
 
Bajar los costes ha sido motivo suficiente para que muchas empresas cierren sus centros de datos y pasen a considerar los asistentes de software y la computación como una serie de servicios bajo demanda. Otros utilizan un software informático en la nube en sus propios centros de datos como un medio para aumentar los recursos y trabajar más rápido.
 

CÓMO AFECTA EL DISEÑO DEL PRODUCTO Y LA EXPERIENCIA   DEL CLIENTE

A medida que mejora la tecnología de la nube, cada vez es más fácil para las empresas crear productos y servicios mediante ella o modelar nuevos productos o campañas de marketing como prototipos de software basados en la nube. La nube también sirve de almacén común para recopilar y analizar nuevos datos y el lugar donde se lleva a cabo un número cada vez más grande de operaciones de inteligencia artificial, como el reconocimiento de imágenes y de voz.
Ya hay bastantes evidencias de que esta transición se está produciendo dado que las startup conciben cada vez más sus bienes y servicios principalmente como entidades centradas en software, de las cuales los datos se derivan continuamente. Los cambios y actualizaciones se vuelven parte de un proceso continuo y las funciones de la organización se van desvaneciendo a medida que los procesos se vuelven más repetitivos.
 
Una dinámica similar de procesos redefinidos e interacción constante está sucediendo con los productos industriales. Oden Technologies es una nueva empresa con sede en Nueva York que construye sistemas de sensores para fábricas para llevar un monitoreo continuo y preciso de procesos grandes y complejos. Un proyecto reciente implicó la construcción de un sistema basado en tablets para realizar cálculos complejos en tiempo real. El producto, que normalmente tardaría de seis meses a un año en crearse, se terminó en 10 semanas gracias a las pruebas aceleradas y a la comunicación directa con el cliente sobre necesidades y especificaciones durante el diseño y la construcción. Con el tiempo, el diseño inicial y el prototipo se convirtieron gradualmente en un producto en cuya creación había participado el propio cliente.
 
Para el líder del equipo del proyecto, James Maidment, la nube permite que “la relación con los clientes sea más cercana”. Maidment considera que esta interacción fue todo un éxito: “Nos desplegamos ágilmente, obtuvimos directamente nuevos requisitos e hicimos las pruebas más rápido. En cierta medida, no tenemos un producto final, sino una relación con un cliente involucrado con su producto”.
 

¿QUÉ MÁS DEBE CAMBIAR?

La relación constante entre la teoría gestión y la tecnología aplicada no debería sorprender a nadie. El padre fundador de Silicon Valley, William Hewlett, afirmaba que “no se puede gestionar lo que no se puede medir”. Parece que seguir la lógica contraria también funciona: qué y cómo se mide algo influye en la forma de gestionarlo.
 
La pregunta que surge es cuánto tardará la nube en ser tan influyente para la gestión como el ordenador central o la informática cliente-servidor. En un artículo reciente, Erik Brynjolfsson, Daniel Rock y Chad Syverson descubrieron que las mejoras tecnológicas importantes pueden retrasar los beneficios de productividad durante años, incluso décadas. La razón más obvia de por qué pasa es que tienen que surgir una serie de nuevos cambios, junto con nuevas ideas sobre cómo utilizar esta tecnología, para que tenga un impacto total.
 
Brynjolfsson, uno de sus autores, lo tiene claro: “Con la nube podemos replicar procesos de una forma más rápida”. Sin embargo, cree que algunos pasos son necesarios antes de poder aprovecharla plenamente: “Debe existir mayor innovación en organizaciones, un capital humano más formado y que las instituciones sociales, como las infraestructuras y la regulación, se adapten a las nuevas tecnologías”. Además, considera que “el mayor problema es que las nuevas tecnologías avanzan, pero la gente no piensa lo suficiente sobre sus implicaciones”.
 

“NATIVAS EN LA NUBE”

La forma en la que se concibe el software informático para la nube puede ser tan importante como su propia infraestructura física (millones de servidores informáticos dispersos por todo el mundo y conectados mediante líneas de fibra óptica de alta velocidad).
 
Los enfoques de software “nativos en la nube” enfatizan la facilidad de uso y los ajustes sencillos de cada uno de los componentes de una aplicación. De esta manera, las aplicaciones masivas se subdividen en una serie de “micro servicios” que pueden ajustarse con poco impacto en las piezas de un software ya en ejecución.
 
El software tradicional a menudo tiene una serie de relaciones, llamadas dependencias, con otras líneas de código y requieren grandes modificaciones en sus escrituras incluso para cambios triviales. Para ilustrarlo con una metáfora, es algo así como la forma en que las raíces de una planta pueden crecer en un gran terreno y entremezclarse con otras raíces. Al organizar los micro servicios en unidades portátiles, llamadas contenedores, estas dependencias se transforman en macetas.
De esta manera, se puede implementar y administrar una aplicación de forma global, desde un único lugar y con pocas molestias. Kubernetes, el software de código abierto más popular para orquestar el uso de este tipo de contenedores, se desarrolló originalmente dentro de Google para ejecutar las numerosas aplicaciones globales de la empresa como modificar productos fácilmente y emitir correcciones de software a la mayor escala posible.
 
Ahora Google ejecuta alrededor de dos mil millones de contenedores por semana en su versión interna de Kubernetes. El código abierto Kubernetes es administrado por Cloud Native Computing Foundation, que cuenta entre sus miembros con Google Cloud, Microsoft, IBM, Oracle y Amazon.
 
El director ejecutivo de la fundación, Dan Kohn, ha estimado que gran parte del software heredado del mundo, valorado en unos USD 100 trillones netos como Producto Interior Bruto (cerca de unos 80 trillones de euros), se transferirá a Kubernetes para dar un mejor servicio.
 
Blackrock, el administrador de activos más grande del mundo, desarrolló una aplicación en 100 días a través de Kubernetes para buscar inversores. Es el mismo tiempo que se suele emplear para adquirir equipos informáticos, mientras que el software de la nube funciona en sus propios ordenadores. Un equipo de 20 personas representaba cada uno de los diferentes departamentos de la compañía: tecnología, infraestructura, operaciones de producción, desarrollo y seguridad.
El líder del proyecto, Michael Francis, ha explicado cómo Kubernetes alentó la colaboración entre ellos: “Vi a desarrolladores junior trabajando directamente con los gerentes senior, preguntando qué estaban buscando”. Para él, gracias a la tecnología en la nube, “la retroalimentación es mucho más rápida”. Además, hay menos miedo a la hora de asumir un gran proyecto, ya que los miles de procesos involucrados se pueden gestionar de forma transparente y los problemas se resuelven más rápidamente.
 
Kubernetes funciona bien porque se ajusta a una característica diferente que ofrece la nube: la flexibilidad. La virtualización del servidor informático en la nube permite que cada equipo asuma más  carga de trabajo y, si hay una afluencia repentina de datos, esta puede arrancarse en otras máquinas, incluso en ubicaciones remotas. Los datos y el trabajo también se pueden distribuir en unidades más pequeñas y dispersas, ya sea por seguridad o para maximizar los recursos. Como los clientes de nubes públicas generalmente alquilan un servidor en lugar de comprar una licencia, el gasto de IT pasa de un compromiso de capital fijo a un gasto operativo más flexible.
 
Pearson utiliza Kubernetes para desarrollar, implementar y administrar nuevos tipos de sistemas de aprendizaje online en mercados emergentes como la India y México. Alrededor de 10 servicios atienden a cientos de miles de estudiantes al mes y los productos están diseñados para ajustarse permanentemente, a diferencia del antiguo modelo que se actualizaba cada dos años.
 

 Modelos de computación en la nube permiten una permanente adaptación de los productos hacia los usuarios. Obliga a los equipos internos a pensar en innovar más rápido 

Chris Jackson, jefe de plataformas en la nube de Pearson

“Obliga a los equipos internos a pensar en innovar más rápido”, decía Jackson, jefe de plataformas en la nube de Pearson, que añadía: “Siendo conservadores, podemos tener una capacidad de liberar datos 10 veces superior”. El software está diseñado para observar las interacciones con los estudiantes, buscando formas de garantizar que están aprendiendo, algo que requiere una consulta más cercana entre los usuarios, desarrolladores de software y ejecutivos de IT que, como Jackson, manejan la asignación de recursos.
 
Lo llama “una redistribución de la responsabilidad” con la organización, ya que “cambia la percepción de lo que es IT cuando se convierte en un habilitador de valor”. La nueva forma de implementar el software también le da visibilidad sobre dónde y cómo es consumido y proporciona información ante futuros costes. Así se modifica su trabajo de gastos de capital a gastos operativos y de colaboradores.
 
En 1967, durante los primeros pasos de la revolución de la tecnología de la información, John Culkin tuvo una idea brillante y escribió: “Nos convertimos en lo que contemplamos”. Culkin pensaba que los seres humanos “damos forma a nuestras herramientas y luego nuestras herramientas nos moldean”. Cinco décadas más tarde, contamos con el beneficio de tener una larga tradición en IT y podemos pensar cómo nosotros mismos y nuestras organizaciones pueden moldearse con las nuevas tecnologías. A medida que nuestros sistemas y las personas desarrollen capacidades para adaptarse a los mercados cambiantes, todos los aspectos de una empresa serán más receptivos.
 
Las funciones de trabajo fijas, como la ingeniería de software o la planificación financiera, pueden evolucionar con un conocimiento bien gestionado, que se comparta en equipos de colaboración que se vayan reuniendo durante una parte del ciclo de vida del producto para luego desmontarse. Las empresas pueden asociarse más profundamente, aprovechando las ventajas comparativas mutuas para satisfacer nuevas necesidades del mercado. Los directivos tendrán que concentrarse más que nunca en habilidades como la colaboración, la empatía, el aprendizaje y las nuevas recompensas para crear una organización con la esperanza de que esta se adapte mejor que las propias herramientas en la nube que utiliza.
 






 



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