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En 1987, un ex ingeniero militar llamado Ren Zhengfei fue abandonado por la sociedad dominante a sus 44 años. Esta edad, rica en metáforas numerológicas en la cultura china, marcó el comienzo de su viaje emprendedor. Antes de esto, ya había pasado tres años en el mundo de los negocios, aunque esta experiencia terminó en fracaso. 
 
De esta forma, en un contexto marcado por la gran reforma de China que buscaba una revolución comercial que abandone la dependencia de la agricultura como única fuente de poder económico, se funda Huawei Technologies. En los primeros días de este proceso, Huawei fue desestimada por ser una propiedad privada, juzgada como una búsqueda ilegítima en un momento de transformación económica. Su fundador era una especie de Don Quijote, delirante contra toda posibilidad de éxito. 
 
En sus inicios, Huawei comenzó como comerciante de equipos de telecomunicaciones. A pesar de que este negocio era despreciado en aquella época, Ren Zhengfei tenía altas expectativas: convertirse en un fabricante de clase mundial en un plazo de dos décadas. 
 
La multinacional requirió de una combinación de factores que involucran estar en el lugar y en el momento correcto. Nació en un edificio residencial en Shenzhen como una sociedad de responsabilidad limitada. Esta incipiente compañía tenía un exiguo capital de trabajo inicial de 21.000 yuanes (aproximadamente USD 5.600).. 
 
Pasaron 31 años para que Huawei se convierta en la segunda marca más preferida en el mercado de smartphones a escala global (con una cuota del 13,3% superó a Apple en el segundo trimestre de 2018, según cifras de Gartner), haciéndose realidad lo que parecía utopía en sus inicios. 
 
Para conocer y vivir de cerca la cultura y estrategia que llevaron al gigante tecnológico a posicionarse como uno de los proveedores de tecnología con mayor proyección en el mercado mundial, Computerworld viajó hasta su casa matriz, ubicada en Shenzhen, China. Acompáñenos por este apasionante recorrido. 



 
A 40 kilómetros de sus cuarteles generales en la ciudad de Shenzhen, se encuentra la cuna de todos los smartphones de Huawei, un lugar al que los medios -y sus cámaras- difícilmente tienen acceso y cuyo hito es producir un teléfono inteligente cada 28,1 segundos.
 
Detrás de su fachada no se encuentran cientos de trabajadores ensamblando piezas en serie, tampoco hay ruido de maquinaria pesada. En su lugar, hay una línea de manufactura altamente automatizada, que más que una producción en masa, luce como un laboratorio donde la atención al detalle es primordial.
 
Luces blancas, pasillos amplios y especialistas con trajes antiestáticos que se desempeñan con total dedicación. El ambiente es impecable y reina la concentración, casi como si fuera un quirófano. 
 
La manufactura de los smartphones de la firma china no se caracteriza por un ritmo acelerado. En total transcurren 1,8 días desde el ensamblado de la tarjeta madre hasta el sellado del empaque con el producto final. Cerca del 80% de este proceso se centra en exhaustivos controles de calidad. A pesar que solamente el  1,5% de los teléfonos no pasan el control de calidad como producto terminado, se realiza al menos una revisión humana en cada bloque de la cadena, donde se distingue exactamente en dónde se genera la falla.
 
Descritos los detalles de su casa matriz, cabe preguntarse, ¿Cómo hizo Huawei para posicionarse a escala global en tan poco tiempo? Su filosofía administrativa ha sido un pilar para este éxito, ya que la compañía no cotiza en bolsa, es una empresa privada que divide sus ganancias de la siguiente forma: 1% para su CEO y el 99% restante para sus 80.000 empleados asociados. También rota a su CEO cada seis meses para conocer mejor sus áreas operativas.
 
Asimismo, se debe destacar su claro enfoque hacia los procesos de innovación. La empresa invierte más del 10% de sus ingresos anuales en I+D y más del 45% de sus 180.000 colaboradores participan en esta área, de la cual se desprenden 14 institutos, laboratorios y centros de I + D en 18 países de todo el mundo. Estos esfuerzos en I+D no solo se centra en la mejora e innovación de sus productos, sino en el desarrollo de tecnología para hacer aun más eficiente su operación. 

Su contribución al país
 

Ahora bien, estas fortalezas de la compañía número 72 en la lista de Fortune Global 500 tienen un impacto y beneficio social en los países donde está presente la firma.

Como explica Li Bo, CEO de Huawei en Ecuador, desde 2002 la empresa trabaja estratégicamente con todas las operadoras y carriers del país. Observó una evolución positiva: desde 2013, la cantidad de personas conectadas ha aumentado de 6,47 milliones a 11,3 milliones.

En la cooperación corporativa, la firma china asistió al ECU 911 para garantizar la comunicación de emergencia y la videovigilancia durante la visita del Papa Francisco. Asimismo, implementó soluciones de integración de vehículos móviles, cámaras térmicas, y microondas para  monitorear y detectar peligros durante la erupción volcánica de Cotopaxi en el 2015
 
Además la empresa tecnológica proporcionó experiencia de WiFi gratis para pasajeros en buses en Quito, así como trabajó con el Grupo Celec para construir un sistema de comunicación en línea de transmisión y transformación
 
También Huawei tiene un fuerte enfoque hacia actividades de Responsabilidad Social Empresarial. Mediante su programa Seeds for the Future, desde 2015 la multinacional ha invitado diez estudiantes anuales a un viaje de estudio a China para ser capacitados de la últimas tecnologías de telecomunicaciones, con miras a fomentar la transferencia de tecnología, y el desarrollo sectorial y economico de Ecuador.

Estos solo son algunos de los planes que ejecuta actualmente Huawei en el país, con un claro beneficio social, uno de los objetivos que persigue la multinacional desde su cultura corporativa
 
De esta forma, el proveedor de soluciones TIC, continúa con su visión y misión: “Llevar lo digital a cada persona, hogar y organización para un mundo totalmente conectado e inteligente”, mientras se posiciona cada vez más en el mercado global.

 







 



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