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Es controversial. Un personaje que permite experimentar las habilidades de un fotógrafo y exaltar la paciencia de un periodista, quien sin más remedio – y con agrado- decide dar la vuelta al guión para envolverse en sus palabras, su “atrevimiento” y su peculiar forma de ver la vida y los negocios: no solo vende productos, sino promueve el sentido mismo de la tecnología.    

 

A Daniel Faour lo delata su tono de hablar. Su enérgica expresividad y su fonética, que no se españoliza del todo, evidencian sus orígenes. El CEO de Casa del Cable, una compañía dedicada a brindar soluciones de infraestructura, es libanes.  Llegó al Ecuador a principios de los ochenta con la promesa de arribar a un paraíso.

 

 

  - ¿Qué tan cierto fue el “paraíso”?

- Lo fue, sin duda alguna. Salir a la calle sin temor a que te maten por ser cristiano o musulmán no tiene precio.

 

 

Faour dejó su país, adonde viaja  - actualmente- por lo menos una vez al año, para radicarse en Guayaquil y trabajar con su hermano en un negocio de repuestos electrónicos. Sin hablar español, sin estudios universitarios, Faour aprendió durante casi tres años el movimiento de local hasta que la sed y el hambre – como él mismo lo dice- hicieron que le pida un “cachito” de la menor representación del negocio, con el que él pueda emprender. Fue así que, a finales de los ochenta, Faour inició la venta de cables.

 

Con un acuerdo formal, el cual reza que jamás importarían los productos, pues se comprarían mutuamente, Faour fundó Casa del Cable.   “Para negociar siempre tienes que saber con quién y cómo lo estás haciendo”.  “Todos los grandes vivían felices sin mí”, recuerda riendo pero seguro de que fue así. Sin saber nada sobre ingeniería y menos de cables, salió a vender. Un día, cuando estaba por construirse el Mall del Sol de Guayaquil, Faour agarró su propuesta y fue a tocar puertas. ¿La sorpresa? Llevó tarde a la oferta. Al salir del lugar se encontró con un buen amigo, quien en sus inicios le enseñó a diferenciar los tipos de cables en su local.

 

Tras un “vine a presentar mi carpeta, pero no la aceptaron”, el ingeniero a quien recuerda con aprecio, lo sostuvo de la mano y lo direccionó nuevamente. Él era el fiscalizador de la obra y fue quien accedió a la licitación de Faour.   Fue desde ese momento que comenzó a competir con los grandes y a comprender que las personas que creían dominar el sector no lo tenían tan claros. “Todos quieren estar conectados… todos quieren estar en la Nube, en un modo online y con la última tecnología, pero descuidan muchos aspectos que garantizar la permanencia de forma interrumpida”.   Para él, la disponibilidad en la Red es lo que marca la diferencia.  ¿Cómo conseguirla? A través de conocimiento y capacitación.    

 

La conexión garantiza un negocio

 

 

“Las nuevas tecnologías apuntan a las conexiones entre objetos, procesos y personas. Pero para alcanzar el objetivo y hacer posible la funcionalidad de la Big Data, la IoT, la Analytic y otras, hay que regresar al origen de la información, y por supuesto, a su disponibilidad. Es decir, a los cables y a las redes que hacen posible la conectividad. ¡Son las venas de las grandes infraestructuras!

La disponibilidad en la Red es lo que te hace diferente de los otros. En temas de tecnología como ciencia exacta, uno tiene que saber el por qué de las cosas; entender y aplicarla de acuerdo a las necesidades de las personas o de las empresas. Carecer de la disponibilidad, puede traer graves consecuencias para las organizaciones.

Por eso las estrategias van en sintonía para garantizar la disponibilidad de un negocio a través de certificaciones, capacitaciones y desarrollos que fomenten la integración de sistemas. De ahí que es vital la actualización y el estudio de los expertos en sistemas, que no deben de encerrarse en lo que saben como profesionales, sino el estar ávidos de preparación continua.

¿Mi secreto en el negocio? Soy fenicio; lo guardo para mí como una estrategia miliar”.







 



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